Lo que queda de la noche

Intenta reconstruir una noche de club con lo que haya llegado a casa: un volante arrugado, el resguardo del guardarropa, una nota en el teléfono con medio título de una canción. La sala tenía todo un sistema meteorológico. En el bolsillo solo queda papel húmedo.

El 30 de septiembre, DJ Mag informó que In Clubland, un nuevo libro, recorre 35 años de cultura club a nivel mundial, con apariciones de Daft Punk y The Chemical Brothers. Son nombres ilustres para poner en la puerta. La escala anunciada resulta tentadora para cualquiera cuya educación musical haya incluido volver a casa demasiado tarde.

Me interesa lo que esa amplitud le exige al lector. Para juzgar el libro hace falta leerlo entero. Mientras tanto, está el problema indómito de convertir mil noches vividas con intensidad en algo que quepa en una estantería. Ten un lápiz a mano para anotar los nombres de salas que no conozcas y los discos que aparezcan de pasada.

La fama es una buena puerta de entrada

No hay nada de vergonzoso en acercarse por los nombres famosos. Daft Punk y The Chemical Brothers son motivos perfectamente válidos para sentir curiosidad. Los artistas conocidos ofrecen un punto de entrada a una historia desconocida. Nadie tiene que aprobar un examen de rarezas antes de abrir un libro.

El problema empieza cuando el reconocimiento se convierte en un sistema de clasificación. Si cada sala anterior se describe sobre todo como el lugar donde apareció alguna vez una futura estrella, una escena queda reducida a la trayectoria de una carrera. Quienes siguieron bailando allí cuando ese artista se fue pasan a ser parte del decorado.

Lee con una pregunta sencilla en mente: ¿qué puedes aprender de la sala sin mencionar el nombre del artista principal? Busca el relato de alguien que residiera allí sobre la primera hora, cuando la sala se iba llenando y los discos cumplían otra función. Eso puede llevarte a música que quedó fuera de la historia de la estrella.

Un cameo puede llevarte a buscar un disco. Deja que también te lleve por otros caminos, hacia el recuerdo de otra persona que estuvo allí o hacia una mezcla local con fecha incluida.

Dale una dirección concreta a lo global

Treinta y cinco años es un periodo. Lo global es una promesa geográfica. Al combinar ambos, quien lee debería prestar atención a qué ciudades reciben un retrato detallado y cuáles apenas reciben un rápido saludo desde la ventanilla de un taxi.

Ese es un criterio que conviene aplicar a cualquier historia panorámica de la música de club. La ubicación de un local en la ciudad puede explicar en parte quién llega hasta allí. Una tienda local o un programa de radio pueden revelar cómo circulaban los discos. El nombre de una ciudad, por sí solo, dice poco sobre las rutas que conectaban a quienes bailaban con su música.

También hace falta espacio para escenas que fueron muy importantes para quienes participaron en ellas, aunque no produjeran ninguna estrella con proyección internacional. Una fiesta puede marcar las amistades y los gustos de alguien durante años. Su importancia no depende de que más adelante se convierta en un documental.

Cuando un pasaje hace que una ciudad parezca intercambiable con cualquier otra, anota lo que todavía necesitas saber. Empieza por averiguar de dónde venía la gente y cómo se enteraba de la fiesta.

Deja que los recuerdos discrepen

Los recuerdos de la música de club tienen una excelente publicista: la persona que los cuenta. Después de veinte años, una transición torpe puede convertirse en un momento de fricción inspiradora. Una espera infernal a la entrada puede desvanecerse cuando la música se recuerda como algo que te cambió la vida. El afecto edita.

Aquí es donde la especificidad demuestra su valor. Una entrevista conserva el relato de una persona participante. Un volante impreso deja constancia de lo que se anunciaba. Una grabación directa de la salida de una mezcladora de DJ también tiene sus límites. No puede decirte cómo se comportaban los graves al fondo de la sala. Estas fuentes pueden contradecirse sin que ningún testigo sea el villano.

Busca fechas y atribuciones claras. Disfruta de las historias y luego fíjate en qué afirmaciones se apoyan en un objeto y cuáles provienen del recuerdo de alguien. Dos relatos de la misma noche pueden describir horas distintas o diferentes lugares de la sala.

Deja como incierto aquello que no se sabe con certeza. Si una mezcla antigua no tiene una fecha confiable, indícalo. La fecha de creación de un archivo puede corresponder al día en que se transfirió. Un pie de foto escrito hoy con seguridad puede difundirse más que el recuerdo tentativo del que surgió.

Crea un archivo complementario

Puedes hacer algo útil con esta lectura antes de terminar el libro. Elige un club, una fiesta o un programa de radio que te importe y reúne un pequeño conjunto de registros. Delimita el alcance lo suficiente como para poder describir lo que tienes.

Fotografía ambos lados de un volante. Conserva una copia intacta de un archivo de audio antes de crear una versión para escuchar. Añade una nota sencilla con el nombre del evento, la procedencia del elemento y la fecha que puedas determinar. Indica cuáles son estimaciones. Si el archivo se digitalizó a partir de un casete, conserva esa información junto con él.

Luego añade el contexto que el objeto no puede aportar. Alguien que recuerde el set de apertura de un DJ residente podría ayudar a explicar la noche con más claridad que otro fragmento aislado del momento de mayor intensidad. Haz una pregunta abierta sobre lo que pasó alrededor de la música y distingue la respuesta de la información que puedas confirmar por otros medios.

Aquí importa actuar con cuidado. Pide permiso antes de compartir las fotos privadas de alguien o identificar a esa persona en un archivo público. Da crédito a fotógrafos y técnicos de grabación cuando sepas quiénes son. Guarda otra copia en un lugar distinto de tu dispositivo de uso diario. Puedes empezar con una carpeta y un archivo de texto, y corregir las notas más adelante.

Deja espacio para el próximo disco

Prepara una pequeña lista para escuchar mientras lees. Pon un disco conocido junto a otro que apenas recibió una mención. Quizá oigas una conexión que el texto apenas comenta o descubras que algo que te encanta llegó por una puerta lateral.

Está bien que la nostalgia te haga sentir bien. Puedes echar de menos el club con los baños en mal estado y ese rincón perfecto donde retumbaban los bajos. Puedes querer una sala que solo conoces por los discos de otra persona. Un relato del pasado se vuelve limitado cuando presenta el presente de los demás como una imitación inferior. Debe haber espacio tanto para quien estuvo allí como para quien intenta encontrar un lugar donde bailar este fin de semana.

El atractivo de una historia de 35 años está en la cantidad de caminos posibles para seguir escuchando. Anota los nombres que no conoces con suficientes detalles para volver a encontrar la fuente. Deja el libro abierto junto a los altavoces y pon uno de esos discos mientras tus notas a lápiz aún están frescas.